No se parece a nadie, ni se quiere parecer a nadie (soy Jaime, dice señalándose con el dedo). Las personas con autismo, igual que todas las demás, son únicas, con su personalidad, concreta y distinta en cada caso.

 

Pero habitualmente, invadidos por el ruido de la información, por la prisa y por la visibilidad a la que nos exponemos, acabamos viviendo obsesionados por parecernos a esos modelos arquetípicos que hemos comprado como imagen de una buena vida y que, casi siempre, nos hacen infelices por no poder alcanzarlos.

Lo singular y lo distinto, que no la imagen impostada ni el imperativo “yo soy así”, nos enriquecen en lo personal y contribuyen al todo del que formamos parte y en el que hemos de convivir.

 

Él lo tiene claro (…nadie es como yo, mejor que yo, peor que yo… yo soy así y me gusta a mí… canturrea Jaime una canción oída hace años en la tele) y nos ayuda a que lo empecemos a entender.

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